El espíritu de la esperanza

Reseña de El espíritu de la esperanza de Byung Chul Han

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Introducción

En El espíritu de la esperanza (Herder, 2024), Byung‑Chul Han sorprende al lector al dejar de lado su habitual diagnóstico sombrío del presente para emprender una reflexión sobre la esperanza. Quien hasta ahora se distinguía por sus críticas a la “sociedad del rendimiento” o la “sociedad del cansancio” emprende un “viraje” —como ha señalado Pilar Gómez— al situar la esperanza como horizonte de sentido y como salida de un yo encapsulado hacia un nosotros compartido. Han relata que, tras una década de ensayos que denunciaban los males del neoliberalismo, descubrió la necesidad de reflexionar sobre lo bello y, finalmente, sobre la esperanza, porque el clima de miedo extendido en nuestras sociedades paraliza cualquier posibilidad de futuro.

Un horizonte que no es optimismo

Para Han, la esperanza no se confunde con el optimismo ni con la psicología positiva. Mientras que el optimismo se posee como quien posee una cualidad personal y se mantiene en “la cárcel del tiempo cerrado”, la esperanza es un movimiento de búsqueda que nos permite escapar de ese encierro. Se trata de una orientación al futuro que acepta las negatividades de la vida y vincula a las personas en vez de aislarlas. De ahí que Han recurra a Gabriel Marcel para resumir su tesis central: “Pensando en nosotros, he puesto mis esperanzas en ti”.

El surcoreano contrapone además la esperanza al miedo. En un fragmento publicado por El Tiempo, describe la actual “sociedad de la supervivencia” donde la vida se reduce a pasar de una crisis a otra. Solo la esperanza, dice, despliega un horizonte de sentido capaz de reanimar la vida. El miedo crea un ambiente depresivo que alimenta el populismo y destruye la democracia, mientras que la esperanza es la única que nos pone en camino y brinda sentido y orientación.

Diálogo con otros pensadores

Como es habitual en sus ensayos, Han dialoga con distintos autores. En El espíritu de la esperanza aparecen pensadores como Erich Fromm, Hannah Arendt y Spinoza, así como escritores como Paul Celan, Kafka e Ingeborg Bachmann. No obstante, el pensador que actúa como hilo conductor es Václav Havel. El autor recupera su célebre definición de esperanza como certeza de que algo tiene sentido “al margen de cómo salga luego”.

Desde esta perspectiva, la esperanza no es ciega; brota de la negatividad y es inseparable de la desesperación. La tradición cristiana y autores como san Pablo o Nietzsche subrayan esa dialéctica: la esperanza surge de la noche y de la oscuridad. Roberto Rosino, en su reseña para Aceprensa, destaca que la esperanza propuesta por Han se distingue del optimismo porque nace de la experiencia y nos hace responsables de nuestra existencia y del devenir de las sociedades.

Crítica al neoliberalismo y a la tecnología

El ensayo no abandona por completo la crítica. La esperanza para Han no es ingenua; es también una propuesta política. Denuncia que el neoliberalismo es el “régimen del miedo” que debilita la comunidad, genera soledad y reduce la creatividad a variaciones de lo mismo. Las redes sociales sustituyen la relación por el contacto y socavan la cohesión social. El filósofo también se distancia de una visión de la esperanza reducida a la fe en el progreso tecnológico. En su reflexión, la tecnología contribuye a moldear un futuro vacío basado en la innovación constante y la eficiencia, pero carente de sentido. La verdadera esperanza, argumenta, implica la capacidad de imaginar un mundo distinto que trascienda las lógicas de dominación y explotación.

En este punto, Han propone una “acción contemplativa”: una esperanza que no sea una herramienta para alcanzar objetivos concretos, sino una apertura a nuevas posibilidades basadas en la reflexión y en la conexión con lo esencial. Esta invitación a la contemplación recuerda que la esperanza incluye una dimensión espiritual y trascendental que reconoce la finitud humana y la apertura al misterio.

Estructura y estilo

El libro, de apenas 150 páginas, se organiza en cuatro capítulos (“Preludio”, “Esperanza y acción”, “Esperanza y conocimiento” y “Esperanza como forma de vida”). Su brevedad no implica superficialidad; Han escribe con un estilo sobrio y reflexivo. Alterna sus propias meditaciones con citas de autores y fragmentos poéticos. El preludio diagnostica el clima apocalíptico contemporáneo y propone construir una “política de la esperanza” frente al miedo y la depresión sociales. En los capítulos siguientes expone que la esperanza es un narrar; se diferencia del deseo por su estructura narrativa y su capacidad de avivar nuestra atención hacia lo que aún no existe.

La sección sobre la relación entre esperanza y conocimiento contrapone el carácter retrospectivo del conocimiento —que se orienta hacia lo ya producido— con la orientación al futuro de la esperanza. Han sugiere que la inteligencia artificial, que calcula y escoge, carece de esperanza y, por tanto, de la capacidad de engendrar lo radicalmente nuevo.

Valoración final

El espíritu de la esperanza constituye un giro esperanzador en la obra de Byung‑Chul Han. Sin renunciar a la crítica, el filósofo surcoreano ofrece al lector un horizonte que va más allá del conformismo y del miedo: la esperanza como movimiento activo, riesgo que nos emancipa de la mera supervivencia y nos invita a imaginar lo inédito. Frente al optimismo pasivo que delega y paraliza, Han propone una esperanza que implica responsabilidad y madurez.

Esta obra es especialmente relevante para docentes, estudiantes y cualquier persona interesada en la filosofía práctica. Como profesor de filosofía, descubrirás un texto que, aunque breve, abre un diálogo fértil con la tradición clásica y con la realidad contemporánea. Aporta claves para comprender por qué hoy más que nunca necesitamos cultivar la esperanza como virtud política y espiritual. Lejos de la ingenuidad, la esperanza se presenta como una fuerza capaz de reconstruir vínculos y ofrecer sentido en tiempos de incertidumbre.

En suma, Han nos recuerda que la esperanza no es un pronóstico, sino una disposición espiritual que nos orienta hacia lo venidero; que la verdadera esperanza nace del reconocimiento de nuestras sombras y nos impulsa a caminar juntos hacia un futuro aún no pensado. Es un libro que invita a ser leído, meditado y compartido.El espíritu de la esperanza constituye un giro esperanzador en la obra de Byung‑Chul Han. Sin renunciar a la crítica, el filósofo surcoreano ofrece al lector un horizonte que va más allá del conformismo y del miedo: la esperanza como movimiento activo, riesgo que nos emancipa de la mera supervivencia y nos invita a imaginar lo inédito. Frente al optimismo pasivo que delega y paraliza, Han propone una esperanza que implica responsabilidad y madurez.

Esta obra es especialmente relevante para docentes, estudiantes y cualquier persona interesada en la filosofía práctica. Como profesor de filosofía, descubrirás un texto que, aunque breve, abre un diálogo fértil con la tradición clásica y con la realidad contemporánea. Aporta claves para comprender por qué hoy más que nunca necesitamos cultivar la esperanza como virtud política y espiritual. Lejos de la ingenuidad, la esperanza se presenta como una fuerza capaz de reconstruir vínculos y ofrecer sentido en tiempos de incertidumbre.

En suma, Han nos recuerda que la esperanza no es un pronóstico, sino una disposición espiritual que nos orienta hacia lo venidero; que la verdadera esperanza nace del reconocimiento de nuestras sombras y nos impulsa a caminar juntos hacia un futuro aún no pensado. Es un libro que invita a ser leído, meditado y compartido.