Índice
- 1 Índice para la redacción
- 2 Introducción
- 3 ¿Qué fue la Ilustración griega?
- 4 El giro antropológico de la filosofía griega
- 5 La Polis Griega y la Ciudadanía
- 6 La Democracia Ateniense
- 7 Las cuestiones fundamentales en el debate entre Sócrates y los sofistas
- 8 Los sofistas y Sócrates
- 9 Aspasia de Mileto y el papel de la mujer en la cultura
- 10 Conclusión: Filosofía y ciudadanía en la Ilustración griega
- 11 Textos
- 12 Preguntas frecuentes
Índice para la redacción
- Introducción: debate entre Sócrates y los sofistas / fisis-nomos
- Giro antropológico
- Índice
- Ciudadanía: parresía, isegoría e isonomía
- Papel de la mujer
- Conceptos fundamentales: fisis y nomos
- Sócrates: mayéutica e ironía
- Sofistas: retórica, Protágoras y el relativismo
- Aspasia de Mileto: maestra de retórica
- Conclusión
Introducción
La Ilustración griega marcó un momento crucial en la historia de la filosofía y en especial en la historia de la filosofía antigua, donde la filosofía y la reflexión sobre la ciudadanía florecieron en el contexto de las polis. Este periodo no solo vio el auge de grandes pensadores como Sócrates y los sofistas, sino que también abrió espacios para reflexionar sobre cuestiones sociales fundamentales, como el papel de la mujer en la cultura. A continuación vamos a explorar dos aspectos clave: la influencia de los sofistas y Sócrates en la definición de la ciudadanía y el pensamiento crítico, y el aporte de Aspasia de Mileto en la cultura griega y el debate sobre la igualdad de género.
Os dejo por aquí la clase que di como introducción a este tema:
¿Qué fue la Ilustración griega?
La Ilustración griega es un concepto utilizado para referirse al período de gran desarrollo intelectual y filosófico que tuvo lugar en la Grecia clásica, particularmente entre los siglos V y IV a.C. Durante esta época, pensadores como Sócrates, Platón, Aristóteles y los sofistas promovieron una visión racionalista del mundo, basada en el cuestionamiento de la tradición, el uso del razonamiento crítico y la búsqueda de principios universales.
Uno de los rasgos más característicos de la Ilustración griega fue la transición del pensamiento mítico al pensamiento racional. Mientras que en épocas anteriores las explicaciones sobre la naturaleza y la sociedad estaban fundamentadas en relatos religiosos y mitológicos, este período introdujo un enfoque basado en la argumentación lógica y la observación empírica.
Además, la Ilustración griega estuvo estrechamente ligada a la evolución de la democracia ateniense, pues filosofía y ciudadanía iban de la mano en la Ilustración griega. El desarrollo de instituciones como la Ekklesía (Asamblea) y la Boulé (Consejo) fomentó la necesidad de habilidades retóricas y de pensamiento crítico, elementos en los que los sofistas desempeñaron un papel central al enseñar el arte de la persuasión y la argumentación.
Otro aspecto fundamental de este movimiento fue la reflexión sobre la ética y la política. Sócrates introdujo el método dialéctico para examinar cuestiones morales y buscar definiciones universales del bien y la justicia. Platón elaboró una teoría política ideal basada en la supremacía del conocimiento filosófico, mientras que Aristóteles desarrolló una concepción más pragmática, centrada en la virtud y el equilibrio en la vida política.
En definitiva, la Ilustración griega representó un punto de inflexión en la historia del pensamiento occidental. Su énfasis en la razón, la argumentación y la educación como herramientas para la mejora individual y colectiva sigue influyendo en la filosofía y en la concepción moderna de la ciudadanía.
El giro antropológico de la filosofía griega
El llamado giro antropológico marca un punto de inflexión en la filosofía griega del siglo V a. C., cuando la reflexión deja de centrarse en el cosmos para orientarse hacia el ser humano. Mientras los presocráticos habían buscado explicar el origen y la estructura de la naturaleza (physis), los sofistas y Sócrates dirigieron su atención al hombre, la sociedad y la moral. Este cambio supuso situar en el centro de la filosofía preguntas como: ¿qué es la justicia?, ¿qué es la virtud?, ¿cómo debe vivir el ser humano? Sócrates expresó este giro con su célebre máxima “conócete a ti mismo”, entendiendo que solo a través del conocimiento de uno mismo puede alcanzarse una vida buena y una ciudadanía verdaderamente racional.
La Polis Griega y la Ciudadanía
La polis era la unidad política fundamental en la antigua Grecia, estructurada en torno a instituciones que garantizaban la participación ciudadana. Ser ciudadano significaba gozar de derechos políticos, como votar en la asamblea (Ekklesía), formar parte del consejo (Boulé) y acceder a cargos públicos. Sin embargo, la ciudadanía estaba restringida a los varones libres nacidos en la ciudad, excluyendo a mujeres, esclavos y metecos (extranjeros residentes), lo que limitaba significativamente la participación política.
La Democracia Ateniense
Atenas desarrolló una forma de democracia directa, consolidada con las reformas de Solón en el siglo VI a.C. y posteriormente con Clístenes en el siglo V a.C. Estas reformas permitieron que los ciudadanos participaran activamente en la política, garantizando la igualdad ante la ley (isonomía), el derecho a la palabra en la Asamblea (isegoría) y la libertad de expresión en el debate político (parresía). La isegoría aseguraba que todos los ciudadanos tuvieran el derecho de hablar en la Ekklesía, fomentando un proceso de deliberación inclusivo. La parresía, por su parte, representaba la libertad de expresión sin temor a represalias, promoviendo el pensamiento crítico en el espacio público. La democracia ateniense se sustentaba en la deliberación y el debate, lo que hizo de la retórica y la argumentación herramientas esenciales para la vida política.
En este contexto destaca la figura de Pericles, estratego reelegido durante más de una década, que simbolizó el esplendor político y cultural de Atenas. Bajo su liderazgo, la ciudad alcanzó su máximo desarrollo en instituciones democráticas, arte y filosofía, lo que ha llevado a llamar a este periodo la “era de oro de Atenas”. Pericles defendió que la democracia no solo era una forma de gobierno, sino un modelo de vida común basado en la igualdad, la participación y el compromiso ciudadano. Su célebre Discurso Fúnebre, recogido por Tucídides, expresa esta visión y se ha convertido en una de las piezas más representativas del pensamiento democrático de la Antigüedad.
A continuación, presentamos una adaptación de dicho discurso:
Las cuestiones fundamentales en el debate entre Sócrates y los sofistas
La dicotomía fisis-nomos
La dicotomía physis–nomos constituye uno de los ejes fundamentales del pensamiento griego clásico y adquiere un sentido decisivo en el debate entre Sócrates y los sofistas. En la Atenas del siglo V a. C., la palabra physis designaba la naturaleza, aquello que existe por sí mismo y permanece constante, mientras que nomos hacía referencia a la ley, la costumbre o la convención establecida por los hombres. Los sofistas, representantes de la llamada Ilustración griega, defendieron que las normas morales y políticas no derivan de la naturaleza, sino del acuerdo entre los ciudadanos. En este sentido, el nomos sería un producto cultural y, por tanto, relativo, variable según el tiempo, la polis o el interés de los individuos. Desde esta perspectiva, conceptos como justicia o virtud no tendrían un fundamento universal, sino que dependerían de la persuasión retórica y del consenso alcanzado en el ámbito político.
Frente a esta posición, Sócrates reaccionó afirmando que la justicia y el bien no pueden reducirse a lo que la mayoría considera válido, sino que poseen una base racional y universal. Si los sofistas enseñaban a argumentar eficazmente para triunfar en la Asamblea, Sócrates buscaba, mediante el diálogo y la mayéutica, descubrir las definiciones verdaderas de los valores morales. Para él, el ser humano participa de una naturaleza racional (physis logiké) que le permite distinguir el bien del mal más allá de las convenciones. Solo quien conoce lo justo puede obrar justamente, de modo que la educación no consiste en dominar técnicas de persuasión, sino en orientar el alma hacia la verdad.
Esta contraposición entre lo natural y lo convencional, entre la verdad y la opinión, no solo marcó el nacimiento de la reflexión ética y política en Occidente, sino que también planteó la tensión entre relativismo y universalismo moral, un problema que seguirá recorriendo toda la historia de la filosofía. En la Atenas democrática, donde la palabra tenía poder político, el enfrentamiento entre Sócrates y los sofistas reveló el desafío de fundar racionalmente la ciudadanía: si la ley depende del consenso, puede cambiar con la opinión; pero si se funda en la razón, aspira a una justicia válida para todo
La retórica
La retórica desempeña un papel central en el debate entre Sócrates y los sofistas, pues en torno a ella se juega la cuestión de qué significa verdaderamente saber y educar al ciudadano. Para los sofistas, maestros del arte del discurso, la retórica era una técnica de persuasión capaz de otorgar poder en la polis. En una democracia como la ateniense, donde las decisiones se tomaban mediante la palabra en la Asamblea, dominar el lenguaje significaba dominar la vida pública. Así, figuras como Protágoras o Gorgias entendían que el conocimiento no consiste en alcanzar una verdad absoluta —algo imposible, según ellos—, sino en convencer al auditorio de una opinión determinada. La verdad, en este contexto, se convierte en algo relativo y dependiente del discurso, y la educación tiene como finalidad formar ciudadanos hábiles en el uso del lenguaje para influir en los demás.
Frente a esta concepción, Sócrates se opuso radicalmente a entender la palabra como un instrumento de manipulación. Para él, hablar bien no consistía en persuadir, sino en decir la verdad. Criticó la retórica sofística porque, al basarse en la apariencia y en el éxito del orador, podía emplearse para justificar lo injusto y oscurecer el conocimiento del bien. En los diálogos platónicos, especialmente en el Gorgias y el Fedro, Platón mostrará esta crítica al presentar la retórica sofística como una forma de adulación que busca agradar al público más que conducirlo hacia la verdad. Frente a ella, Sócrates y Platón defendieron una retórica filosófica, fundada en el conocimiento del alma y en el ejercicio dialéctico que guía al interlocutor hacia la comprensión del bien y de la justicia.
Así, el conflicto entre Sócrates y los sofistas no fue solo un enfrentamiento sobre técnicas de argumentación, sino una profunda reflexión sobre el poder del lenguaje y su función en la vida política. Mientras los sofistas conciben la palabra como un medio para alcanzar el éxito y el prestigio, Sócrates la convierte en un camino hacia la verdad interior y la formación ética del ciudadano. De este modo, la filosofía naciente se define frente a la retórica como búsqueda de la verdad y como crítica a la manipulación del discurso en la esfera pública, una tensión que sigue siendo actual en cualquier reflexión sobre la comunicación, la educación y la democracia.
Los sofistas y Sócrates
La perspectiva relativista de los sofistas
Los sofistas fueron los primeros profesionales de la educación en la Grecia clásica, y su contribución al pensamiento ciudadano fue clave. Estos maestros itinerantes ofrecían enseñanza en retórica, argumentación y ética, herramientas esenciales para participar en la vida política de la polis. Su énfasis en la persuasión y en la capacidad de argumentar eficazmente convirtió la educación sofista en una vía fundamental para el ascenso social y político en Atenas. Entre los sofistas más destacados se encuentran Protágoras, Gorgias e Hipias.
Protágoras y el relativismo del conocimiento
Protágoras es conocido por su famosa afirmación: «El hombre es la medida de todas las cosas». Con esta sentencia, defendía una perspectiva relativista del conocimiento y la moral, sosteniendo que la verdad no es absoluta, sino que depende de la percepción de cada individuo. Para Protágoras, las normas y valores eran convencionales y cambiaban según la sociedad y el contexto en el que se aplicaran. Esta idea fomentó el escepticismo respecto a verdades universales y promovió una visión pragmática del conocimiento.
Por aquí os dejo un fragmento subrayado que he extraído de la obra Historia del espíritu griego de Nesle sobre el relativismo de Protágoras:
Gorgias y el poder del lenguaje
Gorgias, otro de los sofistas más influyentes, llevó el relativismo un paso más allá al cuestionar la capacidad del lenguaje para representar la realidad. En su obra Sobre lo no ente o sobre la naturaleza, argumentó que nada existe de manera objetiva, que si algo existiera no podríamos conocerlo y, en caso de conocerlo, no podríamos comunicarlo de manera fiel. Su escepticismo radical sobre el conocimiento se reflejaba en su enseñanza de la retórica, enfocada en la capacidad de persuasión por encima de la búsqueda de la verdad. Gorgias sostenía que el lenguaje tenía el poder de moldear la opinión y las creencias de las personas, lo que lo convertía en una herramienta central en la política.
Críticas a los sofistas
A pesar de su influencia, los sofistas fueron duramente criticados por filósofos como Platón y Aristóteles, quienes los acusaban de priorizar la persuasión sobre la verdad y de fomentar el escepticismo moral. Sócrates, en particular, los enfrentó al defender que la educación debía centrarse en la búsqueda de la virtud y el conocimiento verdadero, en lugar de la mera capacidad de convencer. Para sus críticos, los sofistas promovían un relativismo que podía derivar en oportunismo político y corrupción del discurso público.
A pesar de estas críticas, el impacto de los sofistas en la educación y en la teoría política fue significativo. Su énfasis en la argumentación y en el poder del lenguaje influyó en el desarrollo de la filosofía posterior y en la consolidación de la democracia ateniense como un sistema basado en el debate y la persuasión.
Sócrates: la mayéutica y la ironía
Sócrates, en contraste con los sofistas, centró su filosofía en la búsqueda de la verdad y la virtud. Su método dialéctico, conocido como la mayéutica, consistía en formular preguntas que llevaban a sus interlocutores a examinar sus propias creencias, ayudándolos a descubrir principios universales mediante refutaciones sucesivas. A diferencia de los sofistas, que enseñaban técnicas de persuasión, Sócrates no cobraba por sus enseñanzas y afirmaba que el verdadero conocimiento debía ser accesible para todos aquellos dispuestos a cuestionarse a sí mismos. Sócrates actúa como una “partera del alma” (de ahí el término mayéutica, del griego maieutiké techné), guiando al otro a descubrir por sí mismo la verdad a través de preguntas que desmontan sus falsas creencias (elenchos) y lo conducen a una comprensión más clara y fundamentada sobre cuestiones sobre las que su interlocutor ya tenía un conocimiento previo, pero difuso. En otras palabras, la mayéutica busca que el interlocutor aprenda o descubra sobre lo que ya sabe, consiguiendo simplemente que ese conocimiento gane en claridad.
La ironía socrática es una estrategia dialéctica mediante la cual Sócrates finge ignorancia o modestia intelectual para provocar en su interlocutor la exposición de sus propias ideas. Al aparentar no saber, Sócrates adopta una actitud humilde que invita al otro a expresarse con confianza, pero esa falsa modestia tiene un propósito pedagógico: mostrar las contradicciones del interlocutor y conducirlo al reconocimiento de su ignorancia. De este modo, la ironía no es sarcasmo ni burla, sino una técnica filosófica que desarma el dogmatismo y prepara el terreno para la búsqueda común de la verdad. En última instancia, la ironía socrática es el primer paso de su método, pues solo quien reconoce que no sabe está en condiciones de empezar a filosofar.
La ciudadanía y la vida ética
Para Sócrates, la ciudadanía ideal no solo implicaba participar en la vida pública, sino también cultivar una vida ética basada en el conocimiento del bien. En palabras de Platón, su más ilustre discípulo, Sócrates afirmó que «una vida sin examen no merece ser vivida» (Apología, 38a). Esta idea subraya la importancia de la autorreflexión y la responsabilidad moral en la vida del ciudadano. En este sentido, Sócrates consideraba que la democracia ateniense tenía un problema fundamental: muchos ciudadanos participaban en la política sin una comprensión real de la justicia y la virtud.
Sócrates frente a los sofistas
La tensión entre los sofistas y Sócrates refleja dos enfoques opuestos sobre la educación y la ciudadanía. Mientras los sofistas ofrecían habilidades prácticas para el éxito político y defendían el relativismo en la moral y el conocimiento, Sócrates enfatizó la necesidad de una reflexión profunda sobre los valores que guían nuestras acciones. Su crítica a la democracia y su insistencia en la búsqueda del conocimiento lo llevaron a ser acusado de corromper a la juventud y de impiedad, lo que resultó en su condena a muerte en el 399 a.C.
Aspasia de Mileto y el papel de la mujer en la cultura
En la Grecia clásica, la participación de las mujeres en la vida pública estaba severamente restringida, pero figuras excepcionales como Aspasia de Mileto lograron destacarse y desafiar los límites impuestos por la sociedad patriarcal.
Aspasia: educadora y pensadora
Aspasia, conocida por su relación con Pericles, líder de Atenas durante su época dorada, fue una mujer excepcionalmente educada y una influyente figura intelectual. Aunque no se conservan escritos suyos, fuentes como Platón o Plutarco mencionan su capacidad retórica y su influencia en los círculos políticos y filosóficos de Atenas.
Platón, en el diálogo Menéxeno, sugiere que Aspasia podría haber escrito algunos de los discursos de Pericles, incluyendo el famoso «Discurso fúnebre». Esto pone de manifiesto su dominio de la retórica y su papel en la educación de la élite ateniense.
La mujer en la cultura y en la filosofía griega
El caso de Aspasia es una excepción en una sociedad donde las mujeres estaban excluidas de la vida pública y relegadas al ámbito doméstico. Las mujeres griegas, especialmente en Atenas, no tenían acceso a la educación formal y su rol principal era la administración del hogar y la procreación.
La filosofía griega clásica tendió a caracterizar a la mujer desde el ámbito de los sentimientos y la emotividad, en contraste con el hombre, identificado con la razón y el dominio de sí mismo. Esta oposición entre lo racional y lo emocional forma parte de la estructura dual del pensamiento griego, donde lo femenino se asocia a lo sensible, lo pasivo y lo corporal, mientras que lo masculino representa lo intelectual, lo activo y lo espiritual. Filósofos como Aristóteles sostuvieron que las mujeres eran más propensas a la compasión, al miedo o a la tristeza, pero menos constantes y racionales que los hombres, lo que justificaba su exclusión de la política y la vida pública. Incluso cuando Platón, en La República, defendió la igualdad intelectual de las mujeres guardianas, esta defensa siguió siendo una excepción dentro de un pensamiento en el que la feminidad se vinculaba habitualmente a la afectividad y la irracionalidad, reflejando los valores y jerarquías sociales de la Atenas clásica.
Por aquí os dejo un fragmento del Segundo sexo de Simone de Beauvoir donde explica el papel de la mujer en la cultura griega:
Ideas a mencionar sobre Aspasia y el papel de la mujer en la redacción
- Aspasia era maestra de retórica
- Tuvo una gran influencia en la figura de Pericles. Algunas fuentes mencionan que le enseñó retórica y le escribía los discursos.
- Aspasia es representada por buena parte de las fuentes que conservamos de forma jocosa y paródica.
- La filosofía griega representa a la mujer a partir de los sentimientos y las emociones y al hombre a partir de la razón.
- Las mujeres no gozan del estatus de «ciudadano» en las polis griegas.
Conclusión: Filosofía y ciudadanía en la Ilustración griega
La Ilustración griega fue un periodo de innovación filosófica y política que sentó las bases de la ciudadanía moderna. A través de los sofistas y Sócrates, se debatieron conceptos fundamentales sobre la verdad, la virtud y la participación pública. Por otro lado, la figura de Aspasia de Mileto nos recuerda que, incluso en contextos de exclusión, las mujeres han desempeñado un papel crucial en el desarrollo de la cultura y el pensamiento. Reflexionar sobre la filosofía y ciudadanía en la Ilustración griega no solo nos conecta con nuestras raíces filosóficas, sino que también nos invita a cuestionar nuestras propias concepciones de ciudadanía e igualdad.
Textos
Por aquí tenéis algunos textos para trabajar el comentario de texto y que nos permitirán profundizar en las cuestiones más importantes de este tema:
Preguntas frecuentes
Los sofistas fueron educadores profesionales que enseñaron habilidades prácticas como la retórica y la argumentación, esenciales para la participación en la vida política de la polis.
Los sofistas se centraban en la persuasión y el relativismo, mientras que Sócrates buscaba principios universales basados en la verdad y la virtud.
Aspasia fue una destacada pensadora y educadora griega, conocida por su influencia en Pericles y su papel en los círculos intelectuales de Atenas.
Las mujeres griegas, especialmente en Atenas, estaban excluidas de la vida pública, pero figuras como Aspasia y las pitagóricas desafiaron estas limitaciones.
La Ilustración griega nos ofrece modelos para reflexionar sobre la educación, la ciudadanía y la igualdad, temas que siguen siendo centrales en la sociedad contemporánea.
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