Índice
Índices
El problema de la relación entre fe y razón:
- Introducción: fe y razón
- Contexto: Hipatia de Alejandría y Agustín de Hipona
- Postura teológica
- Postura agustiniana: Dios, libre albedrío, gracia, Revelación
- El argumento ontológico de Anselmo de Canterbury como ejemplo de agustinismo
- Postura averroista: los tres niveles de conocimiento según Averroes
- Postura tomista: tipos de verdades y la teoría tomista de la ley
La asimilación de la filosofía griega por la teología medieval
- Introducción: Agustín y el platonismo, Averroes y el aristotelismo, Tomás de Aquino como síntesis
- Contexto: Hipatia como última filósofa totalmente platónica
- La asimilación de la filosofía platónica por parte de Agustín de Hipona:
- Superioridad del alma y dualismo antropológico.
- Interioridad como camino espiritual.
- Distinción entre mundo sensible y realidad espiritual.
- Ejemplarismo: las Ideas como modelos en la mente de Dios.
- Concepción del mal como privación.
- Orden jerárquico del ser.
- La asimilación de la filosofía aristotélica por parte de Averroes:
- Física aristotélica: teoría de las cuatro causas, potencia y acto. Explicación del primer motor
- El Dios de Averroes a partir de las características del primer motor aristotélico
- La síntesis tomista:
- Dios como creador y causa final.
- Teleología
- Las cinco vías
- Teoría de las cuatro leyes: ley eterna, ley natural, ley humana y ley divina
Introducción
La asimilación de la filosofía griega por la teología medieval marcó un hito en la historia del pensamiento y, en especial, en la historia de la filosofía medieval. Este proceso no solo redefinió la comprensión de la fe y la razón, sino que también creó un puente entre el mundo clásico y el medieval. A través de la obra de pensadores como San Agustín y Tomás de Aquino, las ideas de Platón y Aristóteles se integraron en una visión teológica que abordó preguntas fundamentales sobre Dios, el ser humano y el universo. Sin embargo, este encuentro también generó tensiones, como el conflicto entre la autonomía de la razón y la autoridad de la fe. Este artículo explora cómo este proceso se desarrolló, con especial atención a figuras clave como Agustín de Hipona e Hipatia de Alejandría.
Contexto histórico
Con la caída del Imperio Romano en el siglo V, Europa experimentó una transformación cultural que dio lugar a una nueva época dominada por la influencia del cristianismo, que se extendió hasta los siglos XIII y XIV. En este contexto, la filosofía griega, particularmente las obras de Platón y Aristóteles, se convirtieron en una herramienta fundamental para los teólogos medievales que buscaban articular y defender las enseñanzas cristianas. A través de las traducciones realizadas por autores árabes y judíos, como Averroes y Maimónides, y la labor de los escolásticos europeos, estas ideas clásicas se integraron en un sistema teológico que intentaba reconciliar la razón con la fe.
El problema de la relación entre la fe y la razón
La Edad Media hereda dos fuentes principales de conocimiento: la filosofía griega, basada en la razón, y la revelación cristiana, fundamentada en la fe. Esto genera una cuestión central para los pensadores medievales: cómo armonizar la razón humana con las verdades reveladas por Dios y determinar si ambas pueden coexistir sin contradicción.
Cuatro grandes posturas medievales
A lo largo del periodo medieval se desarrollan cuatro perspectivas fundamentales sobre la relación entre filosofía y teología:
- La revelación como sustituto de la filosofía: sostiene que la verdad revelada es suficiente y que la filosofía es innecesaria o incluso peligrosa.
- Postura agustiniana: plantea una concordancia entre fe y razón, donde ambas se apoyan mutuamente.
- Postura averroista: propone dos vías de acceso a la verdad, la filosófica y la religiosa, con predominio del conocimiento racional.
- Postura tomista: afirma que fe y razón son distintas pero compatibles, sin posibilidad de verdadera contradicción.
La revelación como sustituto de la filosofía
Esta postura considera que la revelación divina proporciona todo el conocimiento necesario para la salvación humana. La filosofía queda relegada o anulada, pues la razón es vista como limitada, propensa al error y prescindible ante la suficiencia de la Biblia como guía última. La verdad se identifica plenamente con lo revelado, por lo que la especulación filosófica pierde relevancia.
Postura agustiniana: concordancia entre razón y fe
San Agustín defiende una relación armónica entre fe y razón, expresada en su célebre principio «Cree para entender, entiende para creer». Para él, la razón puede iluminar aspectos de la fe, pero siempre permanece subordinada a esta. La verdad es única: lo que la razón descubre auténticamente no contradice la revelación, sino que la complementa. La fe amplía los límites de la razón humana y permite acceder a realidades que la mente, por sí sola, no podría alcanzar.
Postura averroista: conciliación entre fe y filosofía
Averroes plantea que existen dos caminos hacia la verdad:
- La filosofía, basada en demostraciones racionales, accesible solo a una élite capaz de seguir argumentaciones rigurosas.
- La fe o religión, que ofrece un conocimiento simbólico y pedagógico adecuado para la mayoría de las personas. Según Averroes, la religión cumple una función social esencial, pero la filosofía posee el método más riguroso para acceder a la verdad. Ambas vías no se contraponen, sino que se dirigen al mismo fin mediante lenguajes distintos.
Postura tomista: distinción y compatibilidad
Tomás de Aquino afirma que razón y fe tienen ámbitos propios, pero no pueden contradecirse porque ambas proceden de Dios. Distingue entre dos tipos de verdades:
- Verdades naturales, que la razón puede alcanzar por sí misma (como la existencia de Dios o principios éticos básicos).
- Verdades reveladas, solo accesibles mediante la fe (como la Trinidad o la Encarnación). La filosofía se ocupa de lo que la experiencia y la razón pueden investigar; la teología parte de la revelación. Tomás, influido fuertemente por Aristóteles, desarrolla un método racional y sistemático que integra ambas disciplinas.
Agustín de Hipona
San Agustín (354-430) es una de las figuras más representativas de la asimilación de la filosofía griega en la teología cristiana. Influenciado por el neoplatonismo de Plotino, Agustín adaptó las ideas platónicas para desarrollar una visión cristiana del mundo, destacando especialmente entre los siglos IV y V. Esta adaptación implicó integrar conceptos como el mundo de las ideas y la jerarquía ontológica dentro de una perspectiva teológica que priorizaba la relación personal con Dios y el papel central de la fe. En el sistema de Agustín, el «mundo de las ideas» platónico fue reinterpretado como las verdades eternas presentes en la mente divina, y la jerarquía ontológica sirvió para articular una estructura donde todo lo creado encuentra su origen y sentido en Dios. Su famoso dictum, «Cree para entender» (crede ut intelligas), refleja la prioridad que otorgó a la fe como base para el conocimiento, pero también subraya que la razón tiene un papel crucial para profundizar en la comprensión de lo divino.
En su obra Confesiones, Agustín subraya que la fe es el camino inicial hacia la verdad, ya que permite al ser humano reconocer sus límites y abrirse a una realidad trascendente. Para él, la verdad tiene un carácter absoluto y reside en Dios, quien ilumina el entendimiento humano. Así, la razón no se opone a la fe, sino que es guiada por esta para alcanzar un conocimiento más profundo de la realidad divina y del universo. Agustín explora la naturaleza del alma, el tiempo y la relación entre Dios y la creación, temas que toman prestados elementos de la filosofía platónica pero los reinterpreta dentro de un marco cristiano. Por ejemplo, su comprensión del «eterno presente» de Dios muestra cómo incorporó y transformó conceptos clásicos para responder a preguntas teológicas.
Agustín también se enfrentó al problema del mal, una de las cuestiones más desafiantes tanto para la filosofía como para la teología. Inspirándose en Platón, argumentó que el mal no es una sustancia en sí misma, sino una privación del bien, una perspectiva que permitió reconciliar la existencia del mal con la bondad y omnipotencia de Dios.
La asimilación de la filosofía platónica en Agustín de Hipona
- Superioridad del alma y dualismo antropológico.
- Interioridad como camino espiritual.
- Distinción entre mundo sensible y realidad espiritual.
- Ejemplarismo: las Ideas como modelos en la mente de Dios.
- Concepción del mal como privación.
- Orden jerárquico del ser.
San Agustín recibe una profunda influencia del platonismo, filtrada principalmente a través del neoplatonismo de Plotino y Porfirio. Esta influencia se manifiesta en primer lugar en su comprensión del ser humano: igual que en Platón, el alma ocupa un nivel superior al cuerpo y constituye el núcleo de la vida espiritual. Aunque Agustín rechaza el desprecio platónico hacia el cuerpo, mantiene la idea de que el alma posee una dignidad más alta y que en ella se juega la orientación del ser humano hacia lo eterno.
Del pensamiento platónico toma también la importancia de la interioridad. Platón había destacado la necesidad de volver el alma hacia sí misma para alcanzar lo inteligible; Agustín convierte esta intuición en un eje central de su filosofía espiritual. Para él, la vida auténtica comienza en la búsqueda interior: es en el fondo del alma donde se inicia el ascenso hacia una realidad superior. Este giro hacia la interioridad será una de sus contribuciones más influyentes en la historia del pensamiento cristiano.
Asimismo, Agustín conserva la distinción platónica entre el mundo sensible y la realidad espiritual. Mientras que el mundo material está sometido al cambio y a la fragilidad, la realidad espiritual es estable, más elevada y constituye el verdadero horizonte del alma. Aunque afirma la bondad de lo creado, insiste en que lo sensible es siempre inferior y está subordinado a una dimensión más alta y eterna.
Otro elemento esencial que Agustín adopta de Platón es la teoría de los modelos eternos. Mientras que para Platón las Ideas existen por sí mismas como realidades inteligibles, Agustín las reinterpreta como Ideas divinas: modelos eternos presentes en la mente de Dios, que sirven de fundamento para la creación del mundo. Este «ejemplarismo» permite articular una visión de la creación ordenada, racional y dependiente de un principio supremo.
La influencia platónica se muestra también en su concepción del mal. Agustín abandona las posturas maniqueas de su juventud y adopta una idea claramente inspirada en Platón: el mal no es una sustancia ni una fuerza positiva, sino una privación, un desorden o una falta de lo que debería estar presente. De este modo, el mal queda explicado como carencia, sin atribuirle un ser propio.
Finalmente, siguiendo el modelo jerárquico del ser heredado del platonismo, Agustín concibe la realidad como una gran escala de perfección. Cada criatura ocupa un lugar determinado según su grado de participación en lo eterno. Esta jerarquía, reinterpretada teológicamente, permite comprender tanto la diversidad del mundo como el lugar privilegiado del ser humano dentro del orden creado.
Hipatia de Alejandría
Hipatia (c. 360-415) es una figura singular en la historia de la filosofía, representando la resistencia del pensamiento griego frente a la emergente teología cristiana. Filósofa, astrónoma y matemática, Hipatia fue la última gran representante de la escuela neoplatónica de Alejandría, donde enseñó y comentó obras de Platón y Aristóteles.
Aunque no participó directamente en la síntesis entre filosofía griega y teología cristiana, Hipatia simboliza el conflicto entre estas dos tradiciones. Como figura prominente del neoplatonismo, defendía el valor de la razón y el conocimiento filosófico en una época en la que la autoridad religiosa comenzaba a ganar predominio. Su trágica muerte a manos de una turba cristiana no solo marcó el fin de una era, sino que también evidenció las tensiones irreconciliables entre el racionalismo filosófico y la creciente influencia de la teología institucionalizada. Este evento fue un reflejo del cambio cultural que transformó la percepción del saber, subordinando la especulación filosófica a los principios de la fe dogmática.
Hipatia también es recordada por su contribución a la transmisión del conocimiento clásico. A través de sus enseñanzas y escritos, ayudó a preservar obras fundamentales que serían redescubiertas y reinterpretadas por los pensadores medievales.
Averroes
Razón y fe en Averroes: el papel de la filosofía y de la teología
Averroes desarrolla uno de los proyectos intelectuales más ambiciosos de la filosofía medieval: mostrar que entre la fe y la razón no hay una contradicción insalvable, sino distintos modos de acceder a una misma verdad. Para él, la verdad es una, pero se expresa de manera diferente según el nivel intelectual de cada persona. La filosofía, que utiliza demostraciones racionales basadas en la lógica aristotélica, alcanza el nivel más alto de conocimiento, mientras que la teología emplea argumentos dialécticos y la religión se comunica mediante imágenes, metáforas y narraciones. Este esquema permite a Averroes sostener que los pasajes del Corán que parecen contradecir la razón deben interpretarse de manera alegórica. Hacer filosofía, por tanto, no solo no se opone a la fe, sino que constituye un deber religioso para quienes estén intelectualmente capacitados.
Antes de abordar la cuestión de Dios, conviene explicar los tres tipos de conocimiento que Averroes distingue, pues este esquema permite entender su conciliación entre fe y razón. Para él, existen tres niveles cognoscitivos: el conocimiento demostrativo, propio de los filósofos y basado en demostraciones necesarias; el conocimiento dialéctico, característico de los teólogos, sustentado en argumentos probables; y el conocimiento retórico, destinado a la mayoría de la población y expresado mediante imágenes y relatos. Estos tres niveles no implican tres verdades distintas, sino tres modos de acceso a una misma verdad según la capacidad intelectual de cada persona. Solo el filósofo alcanza la verdad en su sentido más riguroso, mientras que la religión cumple una función social y pedagógica esencial al comunicar esa misma verdad en un lenguaje accesible.
La conciliación entre filosofía y religión se mantiene gracias al esquema epistemológico de Averroes: lo que la filosofía demuestra rigurosamente, la revelación lo comunica mediante imágenes que el pueblo puede comprender. Así, la religión cumple una función moral y social imprescindible, mientras que la filosofía alcanza el nivel más alto de verdad. La tarea del filósofo consiste en interpretar adecuadamente la revelación, evitando que las lecturas literales generen aparentes contradicciones con la razón demostrativa.
La asimilación de la filosofía aristotélica en el pensamiento de Averroes
- Física aristotélica: teoría de las cuatro causas, potencia y acto. Explicación del primer motor
- El Dios de Averroes a partir de las características del primer motor aristotélico
Para comprender esta postura, es esencial situar a Aristóteles en el centro del sistema averroísta. Averroes considera al Estagirita “el Filósofo” por excelencia, aquel que alcanzó la comprensión más profunda y rigurosa de la realidad. Su objetivo no es modificar el pensamiento aristotélico para adaptarlo al Islam, sino leer la revelación a la luz de las demostraciones filosóficas. Así, gran parte de su obra consiste en comentar, explicar y sistematizar la filosofía aristotélica, que él entiende como la forma más perfecta de conocimiento racional.
La metafísica aristotélica resulta fundamental para explicar la noción de Dios en Averroes. Aristóteles parte de un análisis del movimiento como paso de la potencia al acto: todo movimiento exige que algo ya en acto actualice lo que está en potencia. Para evitar una cadena infinita de motores, Aristóteles concluye que debe existir un Primer Motor Inmóvil, eterno, inmutable y absolutamente perfecto. Este Primer Motor es puro acto, sin mezcla alguna de potencia, y constituye la causa última del movimiento del universo.
Averroes adopta esta estructura metafísica sin alterarla y la identifica con el Dios del Islam. Para él, Dios es acto puro, sin potencialidad, inmutable y eterno. Es intelecto perfecto que se conoce a sí mismo y que actúa como causa final del orden del universo. El mundo no es creado en el tiempo, sino que es eterno: «creación» debe entenderse alegóricamente como la dependencia ontológica del mundo respecto de Dios, no como un comienzo temporal. Los pasajes del Corán que describen acciones divinas en el tiempo deben interpretarse simbólicamente, pues Dios, siendo acto puro, no puede cambiar ni intervenir de modo particular en los acontecimientos históricos.
Este proyecto averroísta influyó profundamente en la escolástica latina, dando lugar al llamado «averroísmo latino». Aunque algunas de sus tesis —como la unidad del entendimiento agente o la eternidad del mundo— resultaron polémicas, su intento de armonizar fe y razón desde el aristotelismo marcó una de las vías más importantes de transmisión del pensamiento de Aristóteles a la Europa medieval.
En conjunto, Averroes construye una visión de Dios plenamente coherente con la metafísica aristotélica y, al mismo tiempo, compatible con la revelación islámica gracias a la interpretación alegórica. Filosofía y religión son dos caminos hacia una misma verdad: la filosofía la demuestra; la religión la comunica de manera accesible.
Tomás de Aquino
- Dios como creador y causa final.
- Teleología
- Las cinco vías
- Teoría de las cuatro leyes: ley eterna, ley natural, ley humana y ley divina
Dios como creador y causa final
En la filosofía de Tomás de Aquino, Dios no solo es el creador del mundo, sino también su causa final, es decir, el fin último hacia el que todo tiende. Toda la realidad procede de Dios y está ordenada a Él. La creación es un acto libre, y al crear, Dios otorga a cada ser una naturaleza propia con sus fines específicos. Así, el universo aparece como un conjunto ordenado en el que cada ser participa, según su modo, del plan divino.
Teleología
La teleología es la idea de que todos los seres naturales actúan orientados hacia un fin. Cada realidad se dirige a su perfección según lo que es. Esta orientación finalista se explica porque Dios, al crear, inscribe en la naturaleza de las cosas sus propias tendencias y objetivos. En Tomás, la teleología es también una clave para comprender la moral: el bien consiste en alcanzar el fin natural propio; el mal, en desviarse de él.
Las cinco vías
Tomás de Aquino rechaza el argumento ontológico de San Anselmo porque considera que la existencia de Dios no puede derivarse únicamente del análisis de un concepto. Para Tomás, el intelecto humano no conoce la esencia divina, sino solo sus efectos en el mundo sensible; por ello, no es posible concluir que Dios existe simplemente a partir de la idea de un ser máximamente perfecto. La existencia no se desprende de un concepto, sino que debe demostrarse a partir de lo que la experiencia muestra. A partir de esta crítica, Tomás introduce sus cinco vías como demostraciones a posteriori, es decir, pruebas que parten de la realidad observable para ascender racionalmente a la existencia de Dios.
Las cinco vías constituyen cinco modos distintos de analizar el mundo creado y mostrar que exige un fundamento último. Aunque convergen en la afirmación de la existencia de Dios, cada una se basa en un aspecto diferente de la realidad.
- Vía del movimiento / móvil y motor: Observamos que todo lo que se mueve pasa de potencia a acto. Como nada puede pasar de potencia a acto por sí mismo, debe existir un primer motor inmóvil. Esta vía procede directamente de la física aristotélica y de la distinción entre acto y potencia.
- Vía de la causalidad eficiente / causa primera: Todo efecto tiene una causa. No es posible retroceder indefinidamente en una serie de causas eficientes, por lo que debe existir una causa primera no causada. Esta vía también es de raíz aristotélica, basada en la noción de causalidad eficiente.
- Vía de la contingencia / ser necesario: Los seres que encontramos pueden existir o no existir; son contingentes. Si todo fuese contingente, en algún momento no habría existido nada, y nada habría comenzado a existir. Por tanto, debe existir un ser necesario por sí mismo. Aquí Tomás integra la noción aristotélica de ser necesario, pero reinterpretada desde la creación cristiana.
- Vía de los grados de perfección / ser perfecto: En la realidad encontramos grados de verdad, bondad o nobleza, lo cual implica una referencia a un máximo que explique dichas perfecciones. Aunque Aristóteles habla de acto puro como perfección última, Tomás desarrolla esta vía desde una reflexión metafísica más propia que aristotélica.
- Vía del orden del mundo / la prueba teleológica: Los seres naturales, incluso los que carecen de conocimiento, actúan ordenadamente hacia fines. Esto implica la existencia de una inteligencia ordenadora que dirige todo hacia su propósito. Esta vía es explícitamente teleológica y procede de la concepción aristotélica de la naturaleza orientada a fines.
Las tres primeras vías —movimiento, causalidad eficiente y contingencia— dependen directamente de la metafísica de Aristóteles, especialmente de su distinción entre acto y potencia y de su concepción de la causalidad. La quinta vía procede claramente de la teleología aristotélica, según la cual todo en la naturaleza actúa por un fin. La cuarta vía, aunque inspirada en la idea aristotélica de acto puro como máxima perfección, es la más independiente y presenta un desarrollo más propiamente tomista. En conjunto, las vías muestran cómo Tomás asume y transforma el pensamiento aristotélico para integrarlo en una demostración filosófica compatible con la teología cristiana.
La teoría tomista de la ley
La teoría tomista de la ley parte de una concepción profundamente teleológica del mundo: todo ser está orientado hacia un fin, y el bien consiste precisamente en alcanzar ese fin natural inscrito por Dios en la esencia de cada cosa. Por ello, para Tomás de Aquino, la ley no es una imposición externa, sino una ordenación racional que dirige al ser humano hacia su bien propio, entendido como la realización de su naturaleza y, en última instancia, su perfección en Dios. Desde esta perspectiva, la ley expresa el orden objetivo del universo y guía la acción humana para que se armonice con él. Así, la moral, la política y la metafísica convergen en una visión en la que la razón humana participa del orden divino mediante el conocimiento y el cumplimiento de la ley. Tomás de Aquino establece que existirían cuatro tipos distintos de leyes.
Ley eterna
La ley eterna es la razón misma de Dios gobernando el universo. Es el plan divino que dirige todas las cosas hacia sus fines.
El ser humano no puede conocerla directamente, porque no puede acceder en esta vida a la esencia divina. Sin embargo, sí la conoce indirectamente, a través de sus efectos: el orden del mundo y, sobre todo, la ley natural. Por eso Tomás afirma que la criatura racional conoce la ley eterna por participación, no por visión directa.
Ley natural
La ley natural es la captación por parte de la razón de la ley eterna. Es el modo en que la razón humana capta, de forma parcial y limitada, el orden inscrito por Dios en la naturaleza. Sus principios fundamentales derivan de los fines naturales del ser humano y pueden formularse racionalmente: hacer el bien y evitar el mal, conservar la vida, buscar la verdad, vivir en sociedad, cuidar y educar a la descendencia.
La ley natural es, por tanto, conocible, porque la razón humana es capaz de discernir los fines naturales y orientar la acción hacia ellos.
Ley humana
La ley humana consiste en las normas elaboradas por las autoridades políticas para organizar la convivencia social. Derivan de la ley natural y la concretan en situaciones particulares. Son justas cuando respetan el orden teleológico de la naturaleza humana y sirven al bien común.
Si contradicen la ley natural —y con ello la ley eterna—, no obligan en conciencia, porque dejan de ser verdaderas leyes.
Ley divina
La ley divina es la ley revelada por Dios en la Escritura. Es necesaria por varias razones:
- orienta al ser humano hacia su fin sobrenatural, que supera lo que la razón puede conocer;
- corrige los errores y limitaciones del razonamiento humano;
- regula no solo los actos externos, sino también las disposiciones internas de la voluntad.
La ley divina perfecciona y completa lo que la ley natural solo puede iniciar.
Conclusión
El proceso de asimilación de la filosofía griega por la teología medieval ilustra cómo las ideas pueden trascender contextos culturales y religiosos para dar lugar a nuevas síntesis. Desde las profundas reflexiones de Agustín hasta el legado intelectual de Hipatia, este encuentro entre filosofía y teología no solo moldeó el pensamiento medieval, sino que también dejó una huella imborrable en la historia del pensamiento. Si te ha interesado esta entrada y estás estudiando filosofía en bachillerato, te recomendamos que visites nuestra página completa sobre la asignatura en 2º de bachillerato.
Es el proceso mediante el cual los teólogos medievales integraron las ideas filosóficas de Platón y Aristóteles en el pensamiento cristiano.
Agustín adaptó el neoplatonismo para articular una teología cristiana que enfatizaba la fe como base del conocimiento.
Hipatia simboliza la resistencia del racionalismo filosófico frente a la autoridad religiosa, así como la preservación del conocimiento clásico.
Sigue siendo relevante en discusiones sobre ciencia y religión, así como en el diálogo entre tradiciones culturales y filosóficas.


















