Comentario de texto Meditaciones metafísicas Descartes

Comentario de texto – Meditaciones Metafísicas de Descartes

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Introducción

La obra Meditaciones metafísicas es una de las obras más importantes de la filosofía del autor francés. A continuación os vais a encontrar con un comentario de texto de un fragmento de la segunda meditación de esta obra. Este texto se corresponde con el bloque de Filosofía moderna de la Historia de la filosofía de 2º de bachillerato, concretamente se relaciona con el tema del Debate metafísico moderna y la necesidad de un fundamento seguro para el conocimiento.

Fragmento

Supongo entonces que todas las cosas que veo son falsas; me persuado de que, de todo lo que mi memoria repleta de mentiras me representa, nada ha sido jamás; pienso que no tengo sentidos; creo que el cuerpo, la figura, la extensión, el movimiento y el lugar no son más que ficciones que mi espíritu. ¿Qué será entonces lo que pondrá ser considerado verdadero? Tal vez únicamente que en el mundo no hay nada cierto.

Pero ¿qué sé yo si no hay alguna otra cosa diferente de las que acabo de juzgar como inciertas, de la cual no se pueda tener la menor duda? ¿No hay acaso algún Dios, o alguna otra potencia que me introduzca en el espíritu estos pensamientos? Esto no es necesario; porque bien puede ser que yo esté en capacidad de producirlos por mí mismo. Pero entonces al menos yo ¿no soy algo? Ya he negado, sin embargo, que tuviese sentidos, o cuerpo. Pero sin embargo titubeo, porque ¿qué se sigue de ello? ¿Soy acaso tan dependiente del cuerpo y de los sentidos para no poder ser sin ellos? Me he persuadido, empero, de que no había absolutamente nada en el mundo, de que no había ni cielo, ni tierra, ni espíritus, ni cuerpo alguno; pero entonces ¿no me he persuadido también de que yo no era? Ciertamente no; sin duda que yo no era, si me he persuadido, o sólo si yo he pensado algo. Sin embargo, hay no sé qué engañador muy poderoso y muy astuto que emplea toda su destreza en engañarme siempre. Pero entonces no hay duda de que soy, si me engaña; y que me engañe cuanto quiera, él no podrá nunca hacer que yo no sea nada mientras que yo no piense ser algo. De manera que después de haberlo pensado bien, y de haber examinado con cuidado todas las cosas, hay que llegar a concluir y a tener como firme que esta proposición; yo soy, yo existo, es necesariamente verdadera cada vez que la pronuncie, o que la conciba en mi espíritu.

Descartes. Meditaciones metafísicas. «Segunda meditación. Acerca de la naturaleza del espíritu humano y que es más fácil de conocer que el cuerpo.»

Comentario de texto

A continuación presentamos el comentario de texto resuelto. Con el objetivo de que la solución sea más accesible se divide en los diferentes apartados que se piden en el examen de la EBAU. No obstante, conviene recordar que a la hora de hacer el examen no conviene dividir el comentario en apartados.

Presentación del texto y tema

Aquí el lector se encontrará con un comentario de texto de un fragmento extraído de la segunda meditación de las Meditaciones metafísicas de Descartes que trata sobre la búsqueda de un fundamento seguro para el conocimiento.

Tesis y relación de las ideas con la tesis (estructura argumentativa)

Descartes defiende la tesis de que la proposición “yo soy, yo existe” es necesariamente verdadera. Con el objetivo de defender esta tesis, Descartes parte de todo aquello que había puesto en duda anteriormente, a saber, la información que me llega a partir de los sentidos, mi identificación con mi cuerpo -que se deriva de la duda sobre la posibilidad de diferenciar entre la vigilia y el sueño- y nociones como la extensión, la figura, etc. -que se derivan de la hipótesis del genio maligno que vienen a poner en duda hasta las verdades matemáticas. A partir de este supuesto, Descartes presenta una posible conclusión: «no hay en el mundo nada cierto.» Sin embargo, más adelante, llega a la tesis anteriormente mencionada, que vienen a contradecir esta posible conclusión. Para ello, primero introduce la idea de que podemos pensarnos sin el cuerpo, esto es, de que nuestra identidad no se basa en la sustancia extensa, sino que somos principalmente nuestra mente, lo que le permite afirmar que existe aún poniendo en duda todo lo que pensamos saber sobre nuestro cuerpo. A continuación, Descartes introducirá una segunda idea para defender la tesis, a saber, que para ser engañados, para pensar o para ser persuadido, yo debo estar existiendo. Por ende, la proposición “yo soy, yo existo” queda, a ojos de Descartes, demostrada.

Contexto

Descartes escribe en un momento en el que el saber heredado de la escolástica medieval ha perdido credibilidad. Los nuevos modelos científicos (Copérnico, Galileo) muestran que muchas creencias aceptadas durante siglos eran falsas, lo que lleva a plantear una pregunta decisiva: ¿sobre qué fundamento absolutamente seguro puede construirse el conocimiento? Este es el núcleo del llamado giro epistemológico de la modernidad, que desplaza el centro de la filosofía desde el ser (ontología) hacia el conocimiento (epistemología).

El momento clave del fragmento es el descubrimiento del cogito: aunque todo sea falso, el hecho mismo de dudar y pensar prueba necesariamente la existencia del sujeto pensante. De ahí la formulación “yo soy, yo existo”, que se presenta como una verdad clara y distinta, imposible de negar mientras se piensa. Este hallazgo convierte al yo pensante (res cogitans) en el primer fundamento seguro del conocimiento. Este planteamiento inaugura el racionalismo moderno, que confía en la razón como fuente principal de certeza, y será discutido posteriormente por el empirismo (Locke, Hume), que cuestionará la existencia de ideas innatas y la solidez de este fundamento racional. El problema abierto por Descartes —la búsqueda de un conocimiento absolutamente seguro— culminará críticamente en la filosofía de Kant, que intentará superar el enfrentamiento entre racionalismo y empirismo.

En este contexto puede introducirse también una referencia a Platón, ya que la búsqueda cartesiana de una verdad absolutamente indudable tiene un antecedente claro en la filosofía platónica. Platón había sostenido que los sentidos no ofrecen un conocimiento seguro, pues solo nos proporcionan opiniones cambiantes (dóxa) sobre el mundo sensible. El auténtico saber (epistéme) solo es posible cuando el alma se eleva al ámbito inteligible de las Ideas, que son eternas, necesarias e inmutables.

Esta desconfianza hacia la experiencia sensible reaparece en Descartes, aunque con una reformulación moderna. Mientras que Platón sitúa el fundamento del conocimiento en una realidad objetiva y trascendente —el mundo de las Ideas—, Descartes lo localiza en la subjetividad pensante. El papel que en Platón desempeña la Idea del Bien como principio último de verdad y conocimiento es asumido en Descartes, en un primer momento, por el cogito, y posteriormente por la idea de Dios como garante de la verdad.

Así, el texto puede entenderse como una continuidad crítica con la tradición platónica: ambos filósofos buscan un saber firme frente al engaño de los sentidos, pero mientras Platón fundamenta la certeza en una metafísica de las Ideas, Descartes inaugura la modernidad al convertir al sujeto racional en el punto de partida del conocimiento.