Índice
- 1 Introducción: ¿Qué significa pensar ontológicamente en Spinoza?
- 2 El núcleo del ontologismo: la sustancia única y la identidad entre Dios y la naturaleza
- 3 Ontología y epistemología: el conocimiento como participación en el orden del ser
- 4 Ética y política desde el ontologismo
- 5 El ontologismo frente a otras corrientes filosóficas
- 6 Conclusión
Introducción: ¿Qué significa pensar ontológicamente en Spinoza?
Pocas veces en la historia de la filosofía se ha dado una confluencia tan poderosa entre racionalismo, ética y política como en la obra de Baruch Spinoza. Pero el corazón de su pensamiento, su clave de bóveda, es sin duda su ontologismo: una visión radical del ser en la que todo lo que es, es expresión de una única realidad sustancial e infinita. Frente a la multiplicidad caótica de lo fenoménico, Spinoza propone una estructura del ser en la que todo está determinado con necesidad lógica.
Lejos de ser una doctrina abstracta o puramente especulativa, el ontologismo de Spinoza afecta de forma directa a la manera en que concebimos la libertad, la ética y la política. Pensar con Spinoza no es meramente conocer un sistema filosófico, sino comprometerse con una transformación de la mirada: sustituir la perspectiva humana, finita y parcial, por una comprensión sub specie aeternitatis, «bajo la perspectiva de la eternidad».
Si te interesa conocer la filosofía de Spinoza en formato video, aquí te dejo un video de YouTube donde te la explico a un nivel básico:
El núcleo del ontologismo: la sustancia única y la identidad entre Dios y la naturaleza
Sustancia y atributos
En la Ética demostrada según el orden geométrico, Spinoza parte de definiciones que son, al mismo tiempo, tesis ontológicas fundamentales. Define sustancia como “aquello que es en sí y se concibe por sí”, es decir, aquello que no necesita de otra cosa ni para existir ni para ser entendido. Esta definición desplaza radicalmente la concepción aristotélica de sustancia como sustrato individual y plural.
Pero no se trata solo de redefinir un término clásico. Spinoza afirma que existe una única sustancia, que es infinita, eterna y absolutamente autosuficiente: Deus sive Natura (Dios o la Naturaleza). La sustancia divina posee infinitos atributos, aunque el ser humano solo puede conocer dos: el pensamiento y la extensión.
La consecuencia es explosiva para la tradición metafísica: no hay una dualidad entre creador y creación, ni entre alma y cuerpo. Todo lo que existe —incluidos nosotros mismos— no es más que un modo de esta sustancia infinita.
“Por Dios entiendo un ser absolutamente infinito, esto es, una sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.” (Ética, Def. 6)
La necesidad ontológica
Otro pilar del ontologismo de Spinoza es su concepción de la necesidad: todo lo que es, es con necesidad lógica, derivado de la esencia misma de la sustancia. No hay contingencia ni azar. No hay creación libre de un mundo por parte de Dios: el mundo es Dios mismo expresándose necesariamente.
Así, frente al Dios voluntarista y personal del pensamiento teísta, Spinoza propone un Dios que no actúa según fines. En el sistema spinoziano, la idea de teleología (propósitos, metas) es una proyección antropomórfica. La naturaleza no tiene intención ni moral: simplemente es.
Ontología y epistemología: el conocimiento como participación en el orden del ser
El ontologismo de Spinoza no es solo una teoría del ser, sino también una teoría del conocimiento. En su concepción, conocer es conocer el orden necesario de lo real. Por eso distingue tres géneros de conocimiento:
- Opinión o imaginación, basada en la experiencia sensible.
- Razón, que capta las conexiones necesarias entre las ideas.
- Conocimiento intuitivo, que es la forma suprema de entender cada cosa como expresión del orden divino.
El acceso progresivo a la verdad es un acceso al propio ser de la sustancia. La razón humana, cuando opera correctamente, no hace otra cosa que replicar el orden de la naturaleza. Esta epistemología está íntimamente ligada a la ética: comprender la necesidad de las cosas es el camino hacia la libertad interior.
Ética y política desde el ontologismo
Spinoza no construye su ontología como un ejercicio meramente especulativo. Todo su sistema está orientado hacia una transformación ética y política de la existencia. Si todo está determinado, también nuestras pasiones lo están. Pero la libertad no consiste en el libre albedrío, sino en actuar según la necesidad de nuestra propia naturaleza racional.
Por eso, en la parte IV y V de la Ética, Spinoza desarrolla su célebre idea de que la virtud coincide con el conocimiento: ser libre es conocer, y conocer es actuar en consonancia con la naturaleza, no contra ella.
En el ámbito político, esta visión tiene consecuencias poderosas: el mejor régimen será aquel que permita el mayor grado de racionalidad colectiva. No hay una naturaleza humana caída ni malvada, sino determinada. El Estado no se justifica por un pacto hipotético ni por una obediencia ciega, sino por su capacidad para garantizar la potencia de actuar de los individuos.
El ontologismo frente a otras corrientes filosóficas
El ontologismo de Spinoza es radicalmente diferente al dualismo cartesiano, que separa sustancia pensante (res cogitans) y sustancia extensa (res extensa). Mientras que Descartes mantiene la trascendencia de Dios y la autonomía del yo, Spinoza disuelve ambas en el flujo necesario de la única sustancia.
Frente al empirismo de Locke o Hume, que parten de la experiencia sensible y niegan la posibilidad de ideas innatas o conocimientos necesarios, Spinoza sostiene que la razón puede alcanzar verdades universales y necesarias porque el orden del pensamiento refleja el orden del ser.
Incluso frente a Kant, que reacciona contra el dogmatismo racionalista y limita el conocimiento a los fenómenos, Spinoza representa una postura inversa: no hay límites para la razón porque lo racional es el mismo tejido de lo real.
Conclusión
El ontologismo de Spinoza no es una simple doctrina metafísica, sino un desafío radical a nuestra forma de pensar la realidad, la libertad y el conocimiento. Es una propuesta coherente, rigurosa y profundamente transformadora que sigue inspirando tanto a filósofos como a científicos, artistas y pensadores políticos. Si has llegado hasta aquí, atrévete a leer la Ética y dejarte transformar por ella.


















